MI
ARBOLEDA PERDIDA …. Carles Vallejo Calderón
Publicado en Còrtum el 4 enero
2026
“A medida que voy avanzando, desbrozando las ramas y
las hojas ya caídas de esta Arboleda, sucede que todo se me funde, todo se me
atraviesa, ilumina a retazos, confundido y barajado como si mi vida no hubiese
tenido un orden sucesivo, un desarrollo coherente. Me es ahora difícil, en
estas altas cuestas de mis años, sujetar mi memoria, manteniendo un orden para
lo sucedido, amarrándolo a un compuesto relato, un sostenido capítulo con sus
pies y cabeza. Así sucede, por ejemplo, no saber bien por qué, en la luz de un
fogonazo de mi memoria, se me presenta…”
Rafael Alberti, La arboleda perdida
Los
pasados 6 y 7 de noviembre estuve en Roma invitado al encuentro “Spagna-Italia,
Legàmi di Libertà”, organizado por la asociación Rosso un Fiore con la
colaboración del sindicato CGIL y la Real Academia de España en Roma entre
otros. Rosso un Fiore está vinculada al coro “Inni e Canti di lotta Giovanna
Marini”. Aproveché el último día de
estancia para pasear sin rumbo por donde me llevaran los recuerdos de mi exilio
romano entre los años 1972 y 1973.
La primera etapa de mi exilio empezó en
París, en la Delegación Exterior de Comisiones Obreras; de allí me destinaron a
Italia para ultimar la organización de una gran exposición de pintura y
escultura en solidaridad con la lucha del movimiento obrero y los represaliados
del franquismo. Para recoger fondos, donaron obra artistas consagrados como
Picasso, Miró o Tapies…y jóvenes creadores de la vanguardia artística del
momento, entonces poco conocidos, como Genovés o el Equipo Crónica, entre otros.
Alberto Corazón autor de la portada del catálogo
Uno de mis primeros contactos en Roma,
Rafael Alberti, es el autor de la poesía que dio título a la exposición “Que
trata de España”. Me lo presentó Natalia Calamai, también refugiada en Roma a
causa de la detención de su compañero, el dirigente de CCOO Nicolas Sartorius,
encausado en el proceso 1001.
En
uno de mis primeros encuentros con Alberti tuve ocasión de contarle algo que me
ha marcado para siempre. En mi primera detención llevaba en el macuto unas
octavillas para repartir en la SEAT con su poema “Los seis clavos”, que
denunciaba las seis condenas a muerte del Proceso de Burgos. Recuerdo sus palabras
al escucharme “La poesía es un delito para las dictaduras”. ¡Así fue! Acabé con
una petición fiscal del Tribunal de Orden Público de dos años por propaganda
ilegal, entre otros “delitos”. Delitos que por cierto ahora son derechos
constitucionales. Debemos recordarlo para que se sepa lo que fue el franquismo.
El pasado sábado 7 noviembre mi memoria de paseante sin rumbo por el barrio de Trastevere se dio de bruces con un portal activando los recuerdos de hace más de medio siglo: era el portal de la casa de Rafael Alberti y María Teresa León en Vía Garibaldi 88.
“Veo que aún no te he
rememorado en Italia, aquella casa de la vía Garibaldi, con vistas a tejados
tumultuosos de gatos y palomas, con salones que fueron albergue de puellas
periclitantes, chicas descarriadas, a las que unas monjas en el siglo XVIII
enseñaban a hacer tapices. Allí acudían de tertulia Vittorio Bodini, gran poeta
y excelente traductor de mi poesía, Giulio Carlo Argan, a veces Fellini, el
extraño cineasta y escritor Pier Paolo Pasolini, Carlo Levi, el poeta Ungaretti
y el pintor Renato Guttuso...”
María Teresa León, Memoria de la
melancolía
Yo
también rememoro mis visitas a la casa de María Teresa y Rafael y tengo
imágenes y sensaciones muy nítidas grabadas en la mente. Quizá porque nunca
hubiera imaginado poder acceder a dos mitos de la literatura y de nuestra
guerra. Ya sabía de ellos por los relatos de mi padre, comisario político del
batallón Joven Guardia del Quinto Regimiento, que explicaba que los había conocido
en sus recitales en el frente con los milicianos de la cultura. Por eso la primera
vez que visité el piso de vía Garibaldi estaba muy cohibido. Entré en la casa
de la mano de mi amiga Beatriz Amposta, bióloga cuyas investigaciones sobre la
conducta de los ratones no dejaron de sorprenderme. De las paredes de la casa colgaban
cuadros de amigos de Alberti y María Teresa: Picasso, Guttuso, Quatrucci… Pero lo
que más me impactó fueron los ojos, la blanquísima cabellera y la voz de María
Teresa León. Conversamos mucho con ella, pero ya con los primeros síntomas de
la desmemoria “estabas como transportada a un lejano vergel de árboles y flores que ya no
reconoces (Rafael Alberti)”.
Alberti
escribió en la Arboleda perdida “Los peregrinos que van a Roma se dividen entre los que
van a ver al Papa y los que me vienen a ver a mi”. No iba errado,
fui testigo de muchas de estas visitas que a menudo acababan en cena en el restaurante
“La Antica Pesa” también en Vía Garibaldi. Un hermoso lugar en la subida hacia
el Gianicolo donde se atendía con particular cortesía a intelectuales como Renato
Guttuso, Pier Paolo Pasolini, Carlo Levi o Vittorio Gassman. El restaurante
todavía existe y su plato estrella son los espaguetis “al modo della Antica
Pesa”.
En
estas cenas y encuentros de Vía Garibaldi conocí entre otros asiduos a Terenci
Moix y a Pepe Ortega, gran pintor fundador del grupo Estampa Popular encarcelado
muchos años en el penal de Burgos por su militancia comunista. De Ortega guardo
una curiosa anécdota: le acompañé a su piso en el centro histórico de Roma y
quedé perplejo al ver que en vez de cuadros en las paredes colgaban marcos
vacíos de los que era un gran coleccionista. Injustamente, Pepe Ortega es más
reconocido en Italia, donde tiene un museo en Matera, que en su propia tierra.
Resulta
desconcertante que no quede ningún rastro en el espacio público de los catorce
años del exilio romano de Rafael y María Teresa ni de los años vividos en Vía
Garibaldi 88. Por cierto, Lenin tiene mucho que ver en ello ya que fue comprada
con el importe del premio Lenin de la Paz otorgado a Alberti en 1965. “¿Como puede
barrerse con tanta perfección de la memoria las horas que se viven?” María Teresa León,
Memoria de la melancolía. Bastaría una simple placa y un código QR
en la fachada o frente al portal de vía Garibaldi 88 para que los paseantes
conocieran y reconocieran lo que allí pasó: Vivencias e historias de dos
exiliados cuya huella trasciende al siglo XX. Una memoria de solidaridad,
cultura y fraternidad que aúna a Italia y a los pueblos de España en la memoria
antifascista.
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