Manifestación SEAT noviembre 2005

Manifestación SEAT noviembre 2005
Carlos Vallejo, Lopez Bulla, Gianni Bombacci y Bruno Trentin

domingo, 4 de enero de 2026

 

MI ARBOLEDA PERDIDA …. Carles Vallejo Calderón

Publicado en Còrtum el 4 enero 2026      https://cortum.org/2026/01/04/mi-arboleda-perdida/

“A medida que voy avanzando, desbrozando las ramas y las hojas ya caídas de esta Arboleda, sucede que todo se me funde, todo se me atraviesa, ilumina a retazos, confundido y barajado como si mi vida no hubiese tenido un orden sucesivo, un desarrollo coherente. Me es ahora difícil, en estas altas cuestas de mis años, sujetar mi memoria, manteniendo un orden para lo sucedido, amarrándolo a un compuesto relato, un sostenido capítulo con sus pies y cabeza. Así sucede, por ejemplo, no saber bien por qué, en la luz de un fogonazo de mi memoria, se me presenta…”

Rafael Alberti, La arboleda perdida

Los pasados 6 y 7 de noviembre estuve en Roma invitado al encuentro “Spagna-Italia, Legàmi di Libertà”, organizado por la asociación Rosso un Fiore con la colaboración del sindicato CGIL y la Real Academia de España en Roma entre otros. Rosso un Fiore está vinculada al coro “Inni e Canti di lotta Giovanna Marini”.  Aproveché el último día de estancia para pasear sin rumbo por donde me llevaran los recuerdos de mi exilio romano entre los años 1972 y 1973.

La primera etapa de mi exilio empezó en París, en la Delegación Exterior de Comisiones Obreras; de allí me destinaron a Italia para ultimar la organización de una gran exposición de pintura y escultura en solidaridad con la lucha del movimiento obrero y los represaliados del franquismo. Para recoger fondos, donaron obra artistas consagrados como Picasso, Miró o Tapies…y jóvenes creadores de la vanguardia artística del momento, entonces poco conocidos, como Genovés o el Equipo Crónica, entre otros.


                                                                        Alberto Corazón autor de la portada del catálogo 

Uno de mis primeros contactos en Roma, Rafael Alberti, es el autor de la poesía que dio título a la exposición “Que trata de España”. Me lo presentó Natalia Calamai, también refugiada en Roma a causa de la detención de su compañero, el dirigente de CCOO Nicolas Sartorius, encausado en el proceso 1001.

En uno de mis primeros encuentros con Alberti tuve ocasión de contarle algo que me ha marcado para siempre. En mi primera detención llevaba en el macuto unas octavillas para repartir en la SEAT con su poema “Los seis clavos”, que denunciaba las seis condenas a muerte del Proceso de Burgos. Recuerdo sus palabras al escucharme “La poesía es un delito para las dictaduras”. ¡Así fue! Acabé con una petición fiscal del Tribunal de Orden Público de dos años por propaganda ilegal, entre otros “delitos”. Delitos que por cierto ahora son derechos constitucionales. Debemos recordarlo para que se sepa lo que fue el franquismo.


El pasado sábado 7 noviembre mi memoria de paseante sin rumbo por el barrio de Trastevere se dio de bruces con un portal activando los recuerdos de hace más de medio siglo: era el portal de la casa de Rafael Alberti y María Teresa León en Vía Garibaldi 88.

“Veo que aún no te he rememorado en Italia, aquella casa de la vía Garibaldi, con vistas a tejados tumultuosos de gatos y palomas, con salones que fueron albergue de puellas periclitantes, chicas descarriadas, a las que unas monjas en el siglo XVIII enseñaban a hacer tapices. Allí acudían de tertulia Vittorio Bodini, gran poeta y excelente traductor de mi poesía, Giulio Carlo Argan, a veces Fellini, el extraño cineasta y escritor Pier Paolo Pasolini, Carlo Levi, el poeta Ungaretti y el pintor Renato Guttuso...”

María Teresa León, Memoria de la melancolía

Yo también rememoro mis visitas a la casa de María Teresa y Rafael y tengo imágenes y sensaciones muy nítidas grabadas en la mente. Quizá porque nunca hubiera imaginado poder acceder a dos mitos de la literatura y de nuestra guerra. Ya sabía de ellos por los relatos de mi padre, comisario político del batallón Joven Guardia del Quinto Regimiento, que explicaba que los había conocido en sus recitales en el frente con los milicianos de la cultura. Por eso la primera vez que visité el piso de vía Garibaldi estaba muy cohibido. Entré en la casa de la mano de mi amiga Beatriz Amposta, bióloga cuyas investigaciones sobre la conducta de los ratones no dejaron de sorprenderme. De las paredes de la casa colgaban cuadros de amigos de Alberti y María Teresa: Picasso, Guttuso, Quatrucci… Pero lo que más me impactó fueron los ojos, la blanquísima cabellera y la voz de María Teresa León. Conversamos mucho con ella, pero ya con los primeros síntomas de la desmemoria “estabas como transportada a un lejano vergel de árboles y flores que ya no reconoces (Rafael Alberti)”.

Alberti escribió en la Arboleda perdida Los peregrinos que van a Roma se dividen entre los que van a ver al Papa y los que me vienen a ver a mi”. No iba errado, fui testigo de muchas de estas visitas que a menudo acababan en cena en el restaurante “La Antica Pesa” también en Vía Garibaldi. Un hermoso lugar en la subida hacia el Gianicolo donde se atendía con particular cortesía a intelectuales como Renato Guttuso, Pier Paolo Pasolini, Carlo Levi o Vittorio Gassman. El restaurante todavía existe y su plato estrella son los espaguetis “al modo della Antica Pesa”.

En estas cenas y encuentros de Vía Garibaldi conocí entre otros asiduos a Terenci Moix y a Pepe Ortega, gran pintor fundador del grupo Estampa Popular encarcelado muchos años en el penal de Burgos por su militancia comunista. De Ortega guardo una curiosa anécdota: le acompañé a su piso en el centro histórico de Roma y quedé perplejo al ver que en vez de cuadros en las paredes colgaban marcos vacíos de los que era un gran coleccionista. Injustamente, Pepe Ortega es más reconocido en Italia, donde tiene un museo en Matera, que en su propia tierra.

Resulta desconcertante que no quede ningún rastro en el espacio público de los catorce años del exilio romano de Rafael y María Teresa ni de los años vividos en Vía Garibaldi 88. Por cierto, Lenin tiene mucho que ver en ello ya que fue comprada con el importe del premio Lenin de la Paz otorgado a Alberti en 1965. “¿Como puede barrerse con tanta perfección de la memoria las horas que se viven?” María Teresa León, Memoria de la melancolía. Bastaría una simple placa y un código QR en la fachada o frente al portal de vía Garibaldi 88 para que los paseantes conocieran y reconocieran lo que allí pasó: Vivencias e historias de dos exiliados cuya huella trasciende al siglo XX. Una memoria de solidaridad, cultura y fraternidad que aúna a Italia y a los pueblos de España en la memoria antifascista.


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